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| Din llegó a la Aldea Infantil SOS de Phnom Penh con once años - Foto: Archivos SOS |
En el año 2000 Din y sus hermanas fueron los primeros niños que se mudaron a su nuevo hogar en la Aldea Infantil SOS Phnom Penh. Para las chicas supuso adentrarse a otro mundo: se trasladaron a una casa grande donde todo era nuevo, desde las mesas y sillas hasta el sofá y las camas. Y además, en los dormitorios solo dormían tres o cuatro. A Din le daban miedo los desconocidos y el nuevo entorno. "No conocía a nadie y a menudo echaba de menos mi casa". Su madre SOS le ayudó a familiarizarse con la Aldea Infantil SOS y la animaba a echarse amigos en la misma. Asimismo, el director de la aldea la apoyó y la animaba regularmente a que participara en las diferentes actividades de la aldea, aplaudió sus progresos y "me ayudó a no perder la esperanza", añade Din.
Vivir en la familia SOS es algo que primero hay que aprender. "Al principio", explica Din, "nos peleábamos, no era nada grave, pero primero tuvimos que aprender a aceptar a los demás. Hoy somos una familia feliz, estamos unidos y nos apoyamos los unos a los otros". Y para llegar a esta situación, su madre SOS desempeñó un papel vital: "Para mí es un modelo a seguir", responde Din sonriendo, "se preocupaba mucho por todos, si alguno de nosotros se sentía solo o estaba triste, ella siempre estaba allí, sobre todo nos dio mucho cariño".
Vivir en la Aldea Infantil SOS
Cuando a última hora de la tarde el intenso calor del día empieza a aplacarse poco a poco, la Aldea Infantil SOS Phnom Penh recobra la hasta entonces vida latente. Los niños corretean por el césped sembrado entre las casas familiares, las chicas "mayores" se cuentan las últimas novedades y también alguna que otra madre SOS vigila a sus pequeños mientras juegan o quedan con otras madres para charlar al mismo tiempo que disfrutan del frescor vespertino.
A Din a esa hora se la suele ver caminando hacia alguna de sus actividades
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| Din, una joven segura de sí misma - Foto: Archivos SOS |
extraescolares, que pueden ser: clase de baile, kárate o jugar al tenis, eso si, siempre y cuando la escuela se lo permita. Y es que la pequeña se toma muy en serio las clases. Asiste a decimosegundo curso y le gustaría estudiar algo relacionado con la Agricultura. Din ya baraja muchos planes para cuando finalice sus estudios: "Voy a buscarme un puesto seguro y dejaré la aldea. Estoy convencida de que echaré de menos a mi madre, a mis hermanos y toda la Aldea Infantil SOS, pero me gustaría vivir durante algún tiempo con mi tía, ahorrar y después comprarme una casa. Eso sí, para lograrlo tendré que trabajar duro".
La independencia
Din tiene claro que en el futuro seguirá yendo a la Aldea Infantil SOS. "Allí me han dado muchas oportunidades, he podido asistir a la escuela y he encontrado un nuevo hogar. Y lo más importante: una mamá muy cariñosa que me ha cuidado y un director de aldea que continuamente me ha dado ánimos para seguir adelante". En la aldea he aprendido "las reglas de la vida", comenta Din, a lo que añade que gracias a ellas hoy se siente segura de sí misma cuando se relaciona con personas completamente desconocidas: "Me he dado cuenta de que tengo los mismos derechos y el mismo estatus que otras personas de fuera de la Aldea Infantil SOS. Soy autosuficiente y además sé que siempre puedo recurrir a mi familia".