A la escuela en China 

Retrato de una madre SOS con dos de sus niños en la aldea infantil de Chengdu - Foto: L. W. Nielsen
Retrato de una madre SOS con dos de sus niños en la aldea infantil de Chengdu

El número de niños que entra cruzando la reja pareciera no disminuir. Es poco antes de las 8:00 de la mañana y las clases están a punto de comenzar. En las escuelas públicas chinas los niños no llevan uniforme, sino que todos usan una delgada chalina roja alrededor del cuello. A las 8:00 en punto suena por los altavoces el himno nacional de China y todo se paraliza. Es hora de realizar la tradicional ceremonia matutina de izamiento de la bandera. Los rostros se vuelven hacia los tres mástiles situados en medio del patio y con la mano en alto saludan a la bandera durante su izamiento. Una generación atrás, era obligatorio formar filas delante de ella, pero hoy en día los niños participan en la ceremonia desde el sitio en el que se encuentran en su camino a las aulas.

30 minutos más tarde es hora de otro ritual escolar chino: los ejercicios matutinos, sin que importe si hay una ligera llovizna o si el cielo está gris. Unos 1.200 alumnos se reúnen en el patio, los más pequeños en la primera fila, de cara a los tres profesores vestidos con ropas de gimnasia y sus asistentes, quienes muestran a los niños lo que deben hacer. Los ejercicios se acompañan con música pop moderna en inglés que suena a todo volumen por los altavoces mientras los brazos comienzan a moverse rítmicamente.

Esta es la escuela más grande del distrito de Chengdu, una ciudad grande de 12 millones de habitantes ubicada en la China continental. Es un edificio nuevo, construido en el año 2006, algunas de cuyas instalaciones -tales como una biblioteca grande- aún están en construcción.

Unos 40 niños de la cercana Aldea Infantil SOS, incluyendo a Wangdu de 8 años y su hermana Doma de 11 asisten a dicha escuela.

Las clases propiamente dichas comienzan a las 9 de la mañana y se dividen en cuatro unidades de 40 minutos cada una hasta el almuerzo. La mayoría de los niños viven cerca de la aldea y vuelven a sus casas para almorzar. Wangu y Doma regresan caminando juntos a su casa en la Aldea Infantil SOS, lo que les toma tan solo 10 minutos. Su madre los espera con fideos calientes, acompañados de lo que no lograron terminar de comer la noche anterior.

Una pequeña insignia en el hombro de Doma muestra que es delegada de clase, lo que significa que debe ayudar a la maestra en el mantenimiento del orden, y a recoger las tareas de casa de todos los alumnos. La maestra nombra a la delegada de clase de acuerdo a sus méritos, quien desempeña el puesto durante todo un año.

Doma y su hermano menor Wangdu - Foto: L. W. Nielsen
Doma y su hermano menor Wangdu

Doma está muy orgullosa de ser la delegada de clase. Ella y su hermano, que llegaron a la aldea hace solo cuatro años sin hablar prácticamente el mandarín, son naturales de una provincia que cuenta con una comunidad tibetana bastante grande.

"La vida era dura antes de llegar a la aldea. Vivíamos con parientes que eran demasiado pobres como para mandarme a la escuela", cuenta Doma.

La vida en la aldea infantil, fue para ella una dura prueba al comienzo, pero ahora habla el mandarín fluidamente y puede comunicarse y relacionarse con otros niños.

Durante su primer año en la Aldea Infantil SOS, Doma fue al jardín de infancia a pesar de ya no contar con la edad para ello; el objetivo era, entre otras cosas, asegurarse de que aprendiera bien el idioma antes de ir al colegio. Si bien aún está retrasada un año en comparación a los chicos de su misma edad, se está poniendo al día muy rápidamente.

Después del almuerzo, los dos niños regresan a la escuela. Las clases de la tarde comienzan en el patio del colegio con un pequeño ejercicio de protección ocular, después del cual se dirigen a sus aulas, donde permanecen hasta que terminan las clases a las 16:50.

La directora de la escuela, la Sra. Li, señala que los niños de la aldea infantil obtienen aquí exactamente la misma educación que los otros niños.

"Los niños deben restablecerse de las heridas obtenidas durante su infancia temprana y de los daños de su pasado, pero sin que nosotros hagamos que se sientan diferentes. Desde luego que contemplamos sus necesidades, pero bajo ningún punto de vista dejamos que crean que son algo especial", afirma.

La escuela ha nombrado un vicedirector quien dirige un equipo que investiga, por lo general junto con la madre SOS, la situación de algunos de los niños SOS. El año pasado por ejemplo, un niño de la Aldea Infantil SOS causaba problemas en su clase. Le resultaba duro alternar con otros niños, jugar en grupo y, además, solía estar implicado en alguna pelea. Poco después se descubrió que de pequeño estaba habituado a quedarse completamente solo, por lo que necesitaba consuelo. La maestra le tejió una chaqueta de lana como un intento de ganarse su confianza y hacerle saber que le apreciaba.

Chengdu es una ciudad que crece rápidamente y que cuenta con muchos inmigrantes procedentes de otras partes de China en busca de trabajo. La directora de la escuela calcula que un 80% de los alumnos del distrito han llegado hace poco con sus padres, razón por la que tan solo el año pasado la ciudad de Chengdu tuvo que abrir ocho nuevas escuelas para satisfacer la demanda.

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