Marthe Kangane, directora nacional de Aldeas Infantiles SOS en la República Democrática del Congo, declaró que la oficina de Bukavu se volvió a abrir el lunes de esta semana. Ese mismo día volvieron a entrar en funcionamiento el Centro Médico SOS, la escuela primaria y el jardín de infancia, después de tres semanas de inactividad. Alumnos y profesores pudieron reanudar las clases con normalidad y el final del curso escolar fue aplazado hasta el 3 de julio.
También en las casas familiares de la Aldea Infantil SOS de Bukavu se va recuperando poco a poco la calma. Las madres SOS pudieron comprar alimentos y otros productos básicos, aunque a precios exorbitantes ya que la mayoría de los mercados grandes fueron quemados durante las reyertas.
Según las últimas informaciones, cinco jóvenes que habían huido hacia Ruanda huyendo de los combates fueron localizados por colaboradores de la Aldea Infantil SOS Gikongoro. Allí permanecerán hasta que sea posible su regreso a Bukavu. Otros dos jóvenes huyeron por Bujumbura en Burundi hacia la segunda aldea congolesa, Uvira, situada a 120 km al sur de Bukavu. Como medida de precaución, todos los jóvenes del Hogar Juvenil SOS de Bukavu fueron trasladados hasta nueva orden a casa de sus familias SOS.
Las luchas durante las últimas dos semanas se vieron acompañadas de saqueos; la oficina nacional de Aldeas Infantiles SOS no fue una excepción, sufriendo el robo de cristales de ventanas, puertas y cerraduras. Asimismo, en el Hogar Juvenil SOS desaparecieron toallas, jabón, teléfonos y alimentos. No obstante, otras organizaciones no gubernamentales se vieron más afectadas por los saqueos que Aldeas Infantiles SOS. La situación en la Aldea Infantil SOS de Uvira, en la zona conflictiva del sur de Kivu, sigue estable, según informan colaboradores del lugar.
A pesar de la retirada de los golpistas, entre los habitantes de la ciudad domina el miedo. Amenazas del general de las tropas rebeldes de reconquistar la parte oriental de Bukavu, así como continuos conflictos en Kalehe -a 50 km al norte de Bukavu- siembran un clima de inseguridad entre una población que, tras una de las guerras más devastadoras del continente africano, lo único que desea es la paz. Sin embargo, la situación humanitaria en el este del país -donde se estima que hay 3,3 millones de personas necesitadas- y la falta de seguridad en la región hacen tambalear una paz que todavía se presenta frágil.