Ayuda de Aldeas Infantiles SOS tras el tsunami 

"Yo no sabía si soportaría esa tragedia", recuerda Masriya, de Indonesia, el shock que ella, su familia y miles de otras personas sufrieron a causa del tsunami. Al comienzo solo fue la destrucción. No solo a nivel material, sino -y sobre todo- en el aspecto humano.
Los empleados de Aldeas Infantiles SOS reaccionaron espontáneamente los primeros días después del 26 de diciembre de 2004 y organizaron ayuda justo donde y de la manera en que se necesitaba. Aldeas Infantiles SOS tenía la ventaja de llevar trabajando varios años en India, Sri Lanka, Indonesia y Tailandia y de que sus empleados eran casi exclusivamente gente del lugar.

Los mayores problemas fueron la dimensión de la catástrofe, la completa destrucción de la infraestructura en muchas áreas, el caos en la coordinación, las grandes distancias, los rápidos cambios legislativos y la escasa seguridad.

Foto: Dominic Sansoni
Murtypudukuppam/India - Foto: D. Sansoni

La ayuda de emergencia, que duró varios meses, llegó a 23.000 personas de la costa sur occidental de Sri Lanka hasta Banda Aceh en Sumatra (Indonesia). Se erigieron centros para el tratamiento de niños traumatizados, guarderías para aliviar a los padres, se repartieron paquetes de ayuda, ropa, medicina, material escolar y dinero, que sirvió a las familias como capital de inicio y, además, se entregaron 340 botes de pesca.

Desde el comienzo, Aldeas Infantiles SOS tuvo en claro que después de la ayuda de emergencia tendrían que seguir programas a largo plazo que asegurasen que, en el futuro, las personas puedan llevar una vida independiente de la ayuda externa y que también sirvan a las generaciones futuras.

Para Aldeas Infantiles SOS era muy importante que la comunidad participara en la toma de decisiones, así como también el respeto de las singularidades culturales y locales, la sostenibilidad y calidad de los proyectos y la concentración en las necesidades especiales de las familias y sus hijos. A pesar de las grandes dificultades, se logró poner en marcha casi todos los proyectos en el tiempo planeado.

Aldeas Infantiles SOS ha construido unas 2.200 casas familiares en 15 localidades y ha reparado la infraestructura de pueblos enteros. Se erigieron 18 centros multiusos que se utilizan como oficina de información y ayuda para las familias; como instalaciones sociales (por ejemplo como jardines de infancia), o para cursos de formación en el horario de tarde, sobre todo para chicas y madres; como centro médico y como refugio en caso de inundaciones. Tras un plazo de tres a cinco años, estos centros serán entregados a las comunidades para que ellas los dirijan.

Foto: Dominic Sansoni
Murtypudukuppam/India - Foto: D. Sansoni

Miles de niños murieron en las aguas del tsunami, muchos más de los que quedaron huérfanos de ambos padres. En efecto, muchos niños perdieron a uno de sus padres, a hermanos y parientes, y los más afectados fueron -una vez más- aquellos que ya antes de la catástrofe tenían poco para vivir. En vista de ello, se construyeron seis nuevas Aldeas Infantiles SOS destinadas a aquellos niños que habían perdido a sus padres o a las familias que no estaban en condiciones de atender a sus hijos. Los jardines de infancia, centros sociales y una serie de programas de fortalecimiento de familias tienen como objetivo principal asegurar la existencia de los niños y que las familias permanezcan unidas, así como promover el que la comunidad se organice sola.

"Hemos visto comunidades que se han ayudado mutuamente aun en las condiciones más difíciles, y que lo siguen haciendo", indica Siddhartha Kaul, responsable continental de Aldeas Infantiles SOS en Asia. Poco a poco, las personas han aprendido a confiar nuevamente en la vida y a creer en el futuro. Y a alegrarse, a pesar de las sombras que el pasado proyecta sobre sus vidas. "Es maravilloso ver jugar a mis hijos y escucharlos reír otra vez", señala Tamilselvi uno de beneficiados en Nagapattinam (India).

Aldeas Infantiles SOS dedica la ayuda para el tsunami a los miles de niños que perdieron la vida el 26 de diciembre de 2004, y pone su confianza en las futuras generaciones.

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