Indicios de esperanza
A algunos la aldea transitoria les parece un palacio
Buenas noticias
¿Dónde está Sarah?
Aldeas Infantiles SOS se queda
Tras 20 años de guerra el norte de Uganda ha finalmente emprendido el camino hacia la paz. Un acuerdo entre el LRA (Lord's Resistance Army) y el Gobierno de Museveni firmado a finales de agosto da a la sufrida población motivos para esperar que por fin cesen las expulsiones, los secuestros y los asesinatos masivos. Desde hace varios años Aldeas Infantiles SOS ayuda a niños y familias en Gulu. Dos colaboradores de Aldeas Infantiles SOS viajaron a la región marcada por el conflicto más largo de África. Hilary Atkins nos cuenta lo que ha cambiado desde su última visita.
Salimos de Entebbe situado a unos 20 minutos en coche de Kampala, a las siete y media en dirección a Gulu. Gulu está al norte de Uganda, donde la frontera sur del Sudán está más cerca que la capital. Se necesitan unas cuatro horas para recorrer los 340 kilómetros, pero las horas punta en las carreteras de salida de Kampala pueden requerir una hora más. La carretera que une Kampala y Gulu está en buen estado aunque pueden aparaecer de repente baches bastante profundos. Pero constituyen ningún problema para nuestro vehículo robusto.
Visito Gulu por cuarta vez. Estuve allí por primera vez en enero de 2003, cuando la situación y seguridad estaban de lo más precario. El LRA (Lord's Resistance Army) causó estragos en la región de Gulu y el norte de la ciudad. Asaltó pueblos y campos de refugiados secuestrando a niños para abusar de ellos como soldados y escavos sexuales. En 2003 los niños comenzaron sus 'caminatas nocturnas' que se han hecho famosas entretanto. Marcharon a la ciudad segura todas las noches para dormir en paradas de autobús, iglesias, hospitales y en la acera. Por la mañana volvieron a sus pueblos. Fue una procesión seria y solemne llamando la atención de la prensa mundial sobre el norte de Uganda. Algo que ningún político hubiera conseguido.

Escena de la vida cotidiana en el norte de Uganda - Foto: H. Atkins
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Indicios de esperanza
Uganda disfruta de suelos fértiles y la mayoría de la población vive en áreas rurales. Pasamos campos exuberantes y vemos a mucha gente trabajando con azadas. Cuanto más avanzamos hacia el norte, tanto menos tráfico hay. Los vehículos que circulan son los coches de organizaciones de ayuda y gigantescos autobuses que se nos adelantan como carros de combate, aparte de bicicletas que sirven de tiendas móviles o están cargados con verdes bananeros pesados. Mucha gente va andando - una buena señal porque parece que se sienten seguros. Llama la atención de mi compañero, el director de Aldeas Infantiles SOS de Uganda que viaja regularmente al norte, la falta de puestos de control militares ... quizá también un indicio de optimismo (aunque dice que seguramente hay unos militares bastante cerca).
El salto de agua llamado Karuma Falls es mi línea fronteriza. La carretera pasa las cataratas a una hora de Gulu, la espuma del agua se precipita hacia Sudán donde se unen el Nilo Blanco y el Nilo Azul para seguir juntos el camino hacia el mar. Pienso en otra aldea infantil SOS, Bahir Dar en Etiopía, situada en las cercanías del lago Tana, donde nace el Nilo Azul. Las bellezas naturales no determinan la ubicación de las Aldeas Infantiles SOS - la sequía, la guerra y las enfermedades no distinguen entre regiones áridas o exuberantes.
Antaño el salto de agua Karuma Falls era una atracción turística, después marcó el límite entre seguridad y peligro, entre lo conocido y lo desconocido. Hace sólo tres años el LRA hubiera podido aparecer por todas partes, los rebeldes se ponían al acecho incluso a lo largo de la autopista, escondiéndose en la hierba alta. Fue uno de sus sellos atacar los autobuses de cercanías, por esto siempre estaba muy tensa en ese tramo. Pero hoy me siento bien, lo único perturbante es el bajo nivel de agua.

En las calles de Gulu - Foto: E. Winkler
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Cuanto más nos acercamos a Gulu, tanta más gente se ve por la calle. Antes los campos de refugiados se concentraban en el norte de Gulu, pero entretanto se han establecido en otras regiones. No parecen tan bien organizados como otros que he visto, pero su número y la proximidad de la ciudad les confieren cierta seguridad. Hace cuatro años la gente andaba por las calles por propia cuenta y peligro, ahora corren de aquí para allá, camino al mercado, a la escuela, al hospital o adónde sea. Parece que éste es el indicio más patente de que la situación en el norte de Uganda empiece a normalizarse tras veinte años de lucha brutal que afectó especialmente a los más pobres y débiles de la población.
No obstante y a pesar de saber todo eso, me gusta Gulu. Es una pequeña ciudad con un poco de industria, tan menuda que uno no necesita más que veinte minutos para atravesarla andando a pie, y parece una ironía, pero no da miedo en absoluto. Debido a las tan cortas distancias hay más bicicletas y motos-taxi que coches, pero los pocos que hay, siempre muy grandes y con aire acondicionado, son los reyes de las calles estrechas.

Madre SOS realizando los quehaceres domésticos - Foto: H. Atkins
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A algunos la aldea transitoria les parece un palacio
La Aldea Infantil SOS está situada en las afueras de la ciudad. Se trata de una solución provisional aunque los edificios sólidos dan una sensación de permanencia. Los dormitorios se encuentran en dos casas alargadas donde están alojados los niños y sus madres SOS. Las habitaciones son pequeñas pero confortables. La mayoría de los niños se siente como viviendo en un palacio dado que algunos nacieron en la selva y sus madres - niños soldado - fueron matadas luchando. Otros fueron encontrados al lado de sus madres muertas, y a algunos les mandaron de vuelta a Uganda sus padres del LRA sabiendo que sin sus madres apenas tenían posibilidades de supervivencia. Y muchos son víctimas de las circunstancias, del VIH/SIDA y de otras enfermedades como el paludismo.
Al principio la aldea transitoria constaba de una casa en la que 40 niños se alojaban en cuaatro dormitorios. Se trataba de una ayuda de emergencia en el más amplio sentido de la palabra - se brindaba alojamiento y protección a los niños procedentes de centros de acogida esperando que un día podrán reunirse con sus familias. Entretanto se ha creado un centro más grande donde viven unos 100 niños y ya está claro que muchos de ellos no se reunirán nunca más con su familia. Por ejemplo Susan* que tiene dos años. La encontraron en los restos de un campo de refugiados donde el LRA había matado a toda su familia. Cuando el director de la aldea la vio en el hospital, estaba herida y tenía mucho miedo, pero ahora es una de las niñas más alegres de la aldea. Se dirige a la guardería andando a pie por la hierba como cualquier otro niño de dos años.

'Sala de espera' del centro médico - Foto: H. Atkins
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Buenas noticias
La buena noticia es que desde enero el director de la aldea logró reunir a cinco niños con sus familias. Desde que la situación se va normalizando, puede aprovechar todas las posibilidades a su alcance a fin de encontrar a las familias. Probablemente podrán volver a sus familiares tres niños más. El director de la aldea subraya que se seguirá de cerca el desarrollo de aquellos niños y que, si resulta necesario, se les apoyará, sobre todo en asuntos escolares.
Otra buena noticia es que se adquirió un terreno sobre el cual se construirá la Aldea Infantil SOS definitiva a partir de finales de año para alojar a aquellos niños que han perdido a su familia. Donde se encuentra la aldea transitoria, Aldeas Infantiles SOS seguirá ayudando a la población de Gulu en los centros respectivos. El centro médico, el centro social y la guardería ofrecen a la gente una asistencia valiosísima a costes mínimos.
Una media de 50 personas diarias reciben asistencia médica, algunos acudiendo desde Kitgum a unos 50 kilómetros del centro médico. El edificio ya queda pequeño, así que resulta imprescindible ampliarlo, sobre todo el laboratorio donde se realizan las pruebas de VIH y otros análisis de sangre.
El centro social ayuda a los pobres de la comunidad, en primer lugar a familias con menores y abuelos como cabeza de familia, a antiguos niños soldado y a madres solteras. Actualmente se dan cursillos de coser y se imparten clases de agricultura, financiados en parte por la ayuda al desarrollo de Austria. Niños en edad escolar reciben la cuota escolar, alimentos adicionales y son visitados regularmente por trabajadores sociales. La guardería se ocupa de los niños de dos a seis años mientras que sus padres trabajan.
A diferencia de mi visita de hace un año hay muchas señales que indican permanencia y estabilidad. En aquel entonces la guardería se encontraba bajo un toldo, ahora hay ya tres clases con techo fijo. Además acaba de construirse junto al centro médico una cancha de baloncesto para los jóvenes de los alrededores. Hay mucha actividad en la cancha, sobre todo cuando los 'niños SOS' vuelven del colegio.

Los chiquillos que van a la guardería - Foto: H. Atkins
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¿Dónde está Sarah?
La razón extraoficial de mi viaje es visitar a una familia que conocí el año pasado. La familia se compone de siete niños de los que se ocupa Sarah* de 14 años con el apoyo del centro social. Mientras que Sarah asistió a las clases de coser en el centro, el menor de los niños - de dos años - se encontraba en la guardería. Cuando visité a la familia en su cabaña de barro alquilada, saqué una foto de cuatro de los niños. Ahora quisiera dársela a ellos. Pero la trabajadora social me cuenta que Sarah se ha ido llevándose al menor de sus hermanos. Habían tratado de localizarla, pero en vano. Los trabajadores sociales creen que vive en uno de los barrios de chabolas de Kitgum y que quizá esté 'casada' (voluntariamente?).
Por la tarde acompaño a la trabajadora social para visitar a los niños, cuatro de ellos están en casa. Aún ni un rastro de Sarah. La trabajadora social pregunta por la desaparición de Sarah. Nos quedamos una hora, mirando los libros de texto, y charlamos. Una chica, aproximadamente de la misma edad que Sarah, se ha instalado en la cabaña, la trabajadora social tiene sus reservas. ¿Se marchará también ella de repente? Quiere saber sin falta lo que pasó con Sarah. A pesar del destino incierto de Sarah todos los niños van a la escuela, algo que me conmueve profundamente, incluso los dos chicos ya demasiado mayores para ir a la escuela primaria. El centro social SOS paga la cuota escolar. Al día siguiente veo a los dos chicos en la 'oficina SOS' entregando los recibos para el contable. Por lo menos esos niños terminarán - probablemente - sus estudios y mantendrán juntos a la familia.

Foto: N. Nasser
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Aldeas Infantiles SOS se queda
Antes de despedirnos de Gulu visitamos al alcalde elegido, que es abogado y fue antes diputado a nivel regional. Da una muy cordial bienvenida a nuestra delegación de cuatro miembros. Además valora de manera muy positiva la labor de las Aldeas Infantiles SOS. En una ciudad con la mayor presencia de ONGs en Uganda de las cuales muchas se van dentro de unos pocos meses, destacan claramente el cuidado a largo plazo de los niños y los servicios sociales dirigidos a la población local ofrecidos por Aldeas Infantiles SOS. Tiene toda la razón cuando dice que Aldeas Infantiles SOS se ha convertido en un componente fijo de Gulu, y tengo ya mucha curiosidad por ver qué progresos habrán hecho los centros y programas en los próximos doce meses.
*Nombre cambiado por la redacción.
Hilary Atkins es colaboradora de la oficina regional de Aldeas Infantiles SOS para África Oriental con sede en Nairobi.