Sr. Castelino, en estos momentos 54 niños refugiados no acompañados están viviendo en la Aldea Infantil SOS Nairobi, ¿cómo se encuentran?
Tienen mucho miedo y están traumatizados. Han perdido sus hogares y han sido testigo de terribles actos de violencia. Sus padres han desaparecido o han muerto y en muchos casos no está claro si a los niños todavía les queda algún familiar que pueda ocuparse de ellos.
¿Dónde han sido alojados los niños?
Los hemos distribuido entre las familias. No tengo palabras para describir la generosidad y abnegación con que las madres de la Aldea Infantil SOS les han abierto las puertas. Todas estuvieron de acuerdo inmediatamente, a pesar del trabajo que realizan ya de por sí. Asimismo, hemos implicado conscientemente a nuestros niños, ya que también ellos, al fin y al cabo, tienen que compartir su espacio. Hasta ahora todo funciona perfectamente.
¿Aumentará el número de niños refugiados o se quedará en 54?
Hoy ya puedo afirmar con certeza que el número de niños refugiados seguirá aumentando puesto que la necesidad es cada vez mayor. Además de la de Nairobi, tenemos Aldeas Infantiles SOS en Eldoret, Meru y Mombasa, que iremos llenando mientras tengamos sitio.
Al mismo tiempo, Aldeas Infantiles SOS ha lanzado un amplio programa de ayuda de emergencia, ¿no?
Ya en los primeros días después de las revueltas empezamos a ayudar a pequeña escala. Nuestros niños, por ejemplo, renunciaron a una comida a la semana para cedérsela a los niños refugiados. Ahora hemos ampliado nuestras medidas de ayuda y atendemos a 2.000 personas en cooperación con la Cruz Roja y otras organizaciones. Proporcionamos alimentos, medicamentos y lo más necesario a las familias, especialmente a madres solteras y a sus hijos.
¿Existen programas específicos para los niños refugiados acogidos en la Aldea Infantil SOS?
Lo más es importante transmitirles una sensación de seguridad y que aprendan a confiar en la gente que está a su alrededor. Los chicos y chicas reciben asistencia médica, en caso necesario, y ayuda profesional para superar sus traumas. Asimismo, se pretende que lleven una vida normal, lo que también implica que vayan a la escuela. Las Aldeas Infantiles SOS existen en Kenia desde los años 70 y están respaldadas por muchos años de experiencia con niños abandonados y traumatizados. Al mismo tiempo, colaboraremos con el Gobierno para tratar de localizar a los familiares de los niños.
No cesan los combates y la masacre entre los diferentes grupos étnicos. ¿Las Aldeas Infantiles SOS también se ven amenazadas?
No directamente, por suerte, aunque el miedo y la tensión se palpan en el aire. Durante los primeros días, algunos de nuestros empleados no se atrevían a salir de sus casas y no fueron a trabajar. En un primer momento los alojamos en la Aldea Infantil SOS y ahora algunos de ellos se han trasladado temporalmente a casas de otros compañeros que viven en barrios más seguros.
En las Aldeas Infantiles SOS conviven niños, madres y empleados de diferentes grupos étnicos. ¿Ha sido esto origen de problemas alguna vez?
¡Por ahora no! Los enfrentamientos entre diferentes grupos étnicos sólo se habían dado en zonas rurales. En la ciudad a nadie le importaba el grupo étnico al que pertenecías, y mucho menos en las Aldeas Infantiles SOS. Hasta hace poco ni siquiera sabía a qué grupo étnico pertenecían mis colegas. Ahora tengo que preguntarlo para asegurarme de que no están en peligro. Para mí es algo completamente nuevo.
¿Cómo reaccionan los niños ante el conflicto?
Un ejemplo, uno de nuestros directores de aldea pertenece a un grupo étnico diferente al de su esposa. Un día su hijo le preguntó: „Papá, ¿y yo que soy?”. A lo que el padre respondió: “Si quieres saber de qué lado estás, entonces diría que del lado de la paz, de la unidad y de la justicia”.
¿Cómo les explica a los niños lo que está pasando en su país?
Yo intento explicarles que los grupos enfrentados no consiguen entender la posición de los otros y que en Kenia la balanza está desequilibrada. Algunas personas tienen más tierra que otras, mejor educación, más dinero... y esto es una fuente de conflictos.
¿Cómo cree usted que va a evolucionar Kenia?
Kenia tiene graves problemas sociales que requieren una respuesta urgente, pero esto no ocurrirá de un día para otro. Sólo espero que las luchas terminen pronto porque, sencillamente, la gente tiene que empezar a ganar dinero otra vez. Además, Kenia afronta actualmente pérdidas económicas enormes debido a que muchas personas no van al trabajo y, naturalmente, porque el turismo ha caído. Un hotel de Mombasa con 100 camas, que normalmente está lleno, tiene en estos momentos cinco huéspedes, y los aviones procedentes de Francia u Holanda aterrizan prácticamente vacíos.
¿Cómo pueden ayudar las personas desde Europa?
Suele suceder que la gente quiera mandarnos paquetes de ayuda. Se agradece la intención pero no sirve de mucho. En el aeropuerto de Mombasa, por ejemplo, se amontonan los paquetes. El personal no da abasto, de modo que a veces tardan entre tres y cuatro semanas en entregar un envío. Lo único que de verdad nos ayuda es el dinero, con el que podemos financiar nuestras medidas de ayuda y el cuidado de los niños. ¡Por ello les estamos enormemente agradecidos!