Los combates que ahora están estallando en Mogadiscio son los peores de los últimos meses. Dos empleados de Aldeas Infantiles SOS fallecieron hace pocas semanas, y muchos otros resultaron heridos. En diciembre también murieron algunos empleados y sus hijos. La aldea fue evacuada, y las clases en la Escuela SOS Hermann Gmeiner fueron suspendidas. Por lo menos el hospital SOS que había cerrado ha vuelto a abrir sus puertas, aunque a poca distancia siguen las luchas. Helmut Kutin, el Presidente de Aldeas Infantiles SOS, fue a ver la situación con sus propios ojos y a asegurar a los niños, las madres SOS y los empleados que no los hemos olvidado.
 |
| Cordial recibimiento en el aeropuerto de Mogadiscio - Foto: A. Gabriel |
Señor Kutin, cuales fueron sus primeras impresiones al llegar a Mogadiscio?
Nuestros colegas locales me llevaron inmediatamente en un automóvil a un lugar seguro. El camino fue corto, pero los 17 años de combate ininterrumpido han dejado huellas visibles: todo tiene marcas de disparos, la gente está trastornada, los niños igualmente trastornados. Para mí fue uno de los viajes más deprimentes de mi vida con Aldeas Infantiles SOS.
¿Como están las familias SOS?
Después de un ataque con granadas, hubo que evacuar la aldea. Las madres SOS y los niños están viviendo en casas alquiladas en el área más segura de la ciudad, cerca del aeropuerto. La situación de emergencia une a la gente, y su solidaridad es impresionante.
Usted se encontró con las familias SOS en un hotel y no en la aldea. ¿Cómo fue ese momento?
Llamarlo hotel es una exageración, era más bien un albergue, pero por lo menos era seguro. Había guardias armados vigilando la entrada. Fue un momento muy emocionante para mi porque en las miradas de los niños y las madres SOS se veía su sufrimiento pero a la vez su gran fuerza. También pude constatar que la idea de la aldea sigue viva aunque ellos no estén en la aldea sino en casas alquiladas en la ciudad de Mogadiscio.
 |
| "¡El mundo tiene que empezar a hacer caso a estos niños!" - Foto: Alexander Gabriel |
¿Se ha considerado la posibilidad de que Aldeas Infantiles SOS abandone Somalia completamente?
Hace diez años estuvimos a punto de mudar la aldea completa a la frontera con Kenia, pero decidimos no hacerlo. Por el momento las madres SOS y el director de la aldea, que son los que mejor conocen la situación, han decidido permanecer en el alojamiento de emergencia en Mogadiscio hasta que puedan regresar a la aldea.
¿Qué influencia tiene la labor de Aldeas Infantiles SOS en Somalia?
En Mogadiscio, el cuidado que Aldeas Infantiles SOS brinda a los niños huérfanos es bien reconocido. El hospital SOS anexo a la aldea es muy importante, ya que es uno de los pocos que ofrece asistencia médica específicamente a niños y madres. Nuestros empleados defendieron el funcionamiento de la instalación valientemente y lograron que volviera a abrirse. Cientos de pacientes reciben atención médica a diario en este hospital.
¿Cómo se puede mantener un hospital en funcionamiento en tales condiciones?
Eso solo es posible gracias al inmenso esfuerzo de las personas que ahí trabajan. Uno de nuestros doctores es somalí; él completó sus estudios en Italia y tiene su consultorio en Londres, pero decidió, hace cuatro meses, pasar un año en Somalia ayudando a su gente. El motiva a los otros empleados. Los medicamentos nos son enviados por avión a diario por ECHO [Ayuda Humanitaria UE] en conjunto con otras organizaciones.
 |
| En la escuela SOS provisional - Foto: A. Gabriel |
La escuela SOS no está en funcionamiento. ¿Cómo se les enseña a los niños? Hay una fábrica con grandes espacios vacíos que hemos separado en aulas usando sencillas tablas de madera, y los niños están siendo instruidos ahí provisionalmente. Es difícil conseguir transporte hasta allá y los maestros y los niños caminan unas dos o tres horas todos los días. Es increíble. Sin embargo, este esfuerzo alimenta las esperanzas de la gente de que las cosas cambien.
¿Cree usted que cambiará la situación en Somalia? Los niños cantaron una canción durante mi visita escrita por un estudiante de 18 años, quien dirigió el coro infantil él mismo apoyándose con muletas, ya que había sido gravemente herido de balas. "No queremos guerra, no queremos que haya hambre, pero nadie nos escucha“, dice la canción. ¡El mundo tiene que empezar a hacerles caso a estos niños para que algo cambie!