
Foto: Archivo SOS
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Los animales se comportan de manera "neutral" ante los seres humanos. No evalúan, solo reaccionan reflejando la manera como uno se comporta con ellos. Los animales no son calculadores, sino que toman y dan incondicionalmente. En su trato con los animales, los niños pueden practicar lo que supone mantener una relación, adquirir confianza, encontrar consuelo, asumir responsabilidades, así como también ser conscientes de las consecuencias de sus sentimientos y acciones. Para ello, sin embargo, se necesitan animales adecuados, las condiciones apropiadas, así como instrucciones y acompañamiento competentes.
Los empleados de la Aldea Infantil SOS Mersch aplican selectivamente la zooterapia para la superación de traumas. La mayoría de los niños que viven en la aldea han perdido la confianza en las personas como resultado de experiencias tempranas y dolorosas: maltrato, abuso sexual, negligencia y cambios constantes de la persona de referencia. Estas vivencias les dificultan establecer relaciones interpersonales, convivir y desarrollarse de manera positiva y saludable.
En el terreno de la "Schneider Haff", un antiguo granero y granja, los niños y jóvenes tienen un encuentro con su propia vida a través del cuidado y trato con los animales acogidos víctimas de maltratados. A los niños les resulta claro que los animales desvalidos dependen de los cuidados del ser humano por lo que desarrollan un sentimiento de compasión, y a partir de un "instinto protector" activan nuevos modelos de comportamiento. A través del cuidado y la atención surgen relaciones que fortalecen su propia personalidad; y también la posibilidad de madurar emocionalmente. Los niños y jóvenes sienten que son necesitados y que tienen una misión en la vida.

Foto: Archivo SOS
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"No volveré a confiar en nadie". Sophie*, 9 años
Los animales muestran un comportamiento parecido al humano, por lo que son una contraparte auténtica que se puede calcular bien, y que, además de dar confianza y consuelo, también puede ayudar a adquirir competencias sociales y emocionales. A través de los animales, los niños pueden tener experiencias nuevas, adicionales y liberadoras que aprenden a proyectar en sus relaciones con otras personas. La separación es siempre una experiencia traumática para el niño. Gracias a la posibilidad de tratar con animales, es posible lograr que su proceso de curación continúe avanzando.
"Para ti, yo siempre hago todo mal". Réné*, 12 años
Para ocuparse de los animales, lo que cuenta es la fortaleza y no las debilidades. La realidad es que hay un ser más necesitado que el propio niño o joven. La preocupación por el animal activa la preocupación por sí mismo. "Conmovido y seducido: el impulso de acariciar la piel de un animal, de ordenar las plumas, de proteger a un animal indefenso, representa la clave de la propia cura" (Hanne Tügel).
"Al animal no le importa de dónde vengo". Charlotte*, 13 años
El apego de los animales a las personas, sin tener en cuenta ninguna norma social, transmite una sensación de plena aceptación y de ser realmente importante. En la relación no hay ambivalencias, surge la confianza y las experiencias vividas pueden proyectarse en las relaciones con otras personas.

Foto: Archivo SOS
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"¿Por qué está tan triste el burro?". Sophie*, 9 años
Los animales provocan sentimientos; invitan a ello. Los niños los perciben y, así, desarrollan una capacidad de empatía. Algunos estudios muestran que los niños y jóvenes que crecen con animales, pueden ponerse más fácilmente en el lugar del otro, y entender mejor sus sentimientos y necesidades. La empatía es el antagonista más claro de la violencia, el fundamento de todo tipo de atención y una buena base para el desarrollo de competencias sociales y el establecimiento de vínculos de confianza.
"El gato me quiere, ¿no?" Sophie, 9 años
En la relación entre la persona y el animal, las palabras casi no tienen importancia. El tipo de comunicación análoga es el idioma de las emociones, el idioma de los niños. Casi todos los niños y jóvenes sienten que los animales "les hablan", lo que facilita el proceso terapéutico.
"Judy siempre está contenta conmigo, no importa de qué humor esté yo. Al menos ella no me miente".
Max*, 10 años
A través de la creciente confianza en un animal, los niños pueden desarrollar más fácilmente la capacidad de establecer relaciones con otras personas, porque ya no necesitan trabajar tanto en el desmantelamiento de sus mecanismos de defensa.
"A veces tengo miedo". Max*, 10 años
En su trato con los animales, los niños pueden aprender a descubrir sus propios miedos y límites, y a superarlos.
"Cuando murió el ternero después de nacer me puse muy triste. Pero otro ternero sin mamá tiene ahora una nueva mamá, igual que yo, y eso es bueno". Patrick*, 6 años
Al vivir con animales, los niños aprender a tratar temas existenciales tal como el nacimiento, el sentido de la vida, las enfermedades, el envejecimiento y la muerte. Con ello se estimula la orientación a la realidad.
"He aprendido algo de los burros: cuentan hasta 10 antes de perder la paciencia". Max*, 10 años
Al tratar con los animales y tenerlos como modelo, el niño puede ensayar el control sobre sí mismo.
"¿Por qué Judy quiere más a Andy que a mí?". Fabienne*, 12 años
Los niños pueden ver en los animales un reflejo inmediato y sincero de su propio comportamiento. A través de ese feedback sincero, los niños aprenden a reflexionar y a desarrollar nuevos modelos de comportamiento.
La zooterapia pretende mostrar una salida a esa vida sin sentido y a ese callejón lleno de violencia, ira y miedo.
"En el trato con los animales se experimenta la alegría de vivir, el humor y el optimismo. Los animales invitan a reír y a jugar y con ello estimulan la producción de endorfina en el cerebro humano. Esto ayuda a ser más feliz, disminuye el dolor y elimina el estrés". (Dr. McCulloch )
"El trato con los animales fomenta la inteligencia emocional: las capacidades intuitivas, el reconocimiento de los sentimientos de otros y la reacción adecuada ante ellos (empatía), la capacidad de motivarse a sí mismo y el amplio campo de la creatividad". (Dr. Andreas Schwarzkopf )
"En el trabajo con animales se pone una especial atención en el cálculo del riesgo y la planificación de la higiene; no está exento de peligro y si se trabaja con niños traumatizados y sus síntomas, se necesitan instrucciones especialmente profesionales para proteger a la persona y el animal. Sin ello, los animales por sí mismos tampoco traerán resultados positivos porque no son terapeutas ni curanderos responsables de lo que hacen". Karin Kiesendahl, responsable de "Pedagogía con asistencia de animales / Zooterapia en Lëtzebuerger Kannerduerf.
* El nombre de los niños fue cambiado por la reacción para salvaguardar su derecho a la privacidad.