Si piensa cuando tenía seis años, ¿Cómo era la vida entonces y cómo se imaginaba su futuro entonces?
Cuando vivía en la Aldea Infantil SOS Addis Ababa con mi madre SOS y mis otros nueve hermanos y hermanas me lo pasaba muy bien. Estaba muy ocupada jugando con mis amigos, abrazando a mi mamá y ayudando en la cocina. Lo mejor era ir a la escuela. Me hubiera encantado ir incluso los fines de semana. Mis sueños y lo que pensaba que me depararía el futuro cambiaban cada día, y no tenían nada que ver con lo que soy hoy. Un día soñaba con ser médica, al día siguiente me veía como ingeniera.
A los 17 años fue aceptada en el Colegio Internacional SOS Hermann Gmeiner, en Ghana. ¿Qué significó esto para usted y cómo recuerda aquellos días?
Cuando me enteré que me habían aceptado me emocioné mucho. Es una de las mejores escuelas de la región e incluso del continente, por lo que realmente significó mucho para mí. Además, ese colegio ha hecho mucho por mí como mujer. Todos mis valores y ética profesionales y personales tienen su origen en mis experiencias en ese colegio. Además del execente nivel académico, la escuela te conciencia sobre la situación de la gente menos favorecida de la comunidad. Nuestras actividades sociales obligatorias incluían ayudar en diferentes proyectos sociales, participar en programas de alfabeticación y jugar con niños de la calle. Estas experiencias vuelven a la gente más abierta.

Zenaye bebiendo té - Foto: Archivo SOS
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Tras finalizar el colegio, fue a EE.UU. para estudiar Gestión de Sistemas de la Información. Hay una gran diferencia cultural entre África y Norteamérica. En su opinión, ¿cuáles son las mayores diferencias en el papel tradicional de la mujer y cuál prefiere?
El papel de la mujer en África es cuidar de la familia. Lleva una carga grande sobre sus hombros, ya que se encarga tanto del bienestar de la familia nuclear como de la familia extendida. Todas las mujeres tienen un sentido muy fuerte sobre el cuidado, apoyo y pertenencia a la familia y a la comunidad.
En América el “yo” es mucho importante que el “nosotros”. En su cultura todo está relacionado con el autodesarrollo, todo el mundo está ocupado corriendo de aquí para allá para obtener beneficios personales, y si tienen, para las familias nucleares. Los africanos están mucho más preocupados por su familia y su comunidad, y es que ellos literalmente no pueden sobrevivir sin su comunidad.
Como mujer africana, los valores que más aprecio son cuidar de la gente de la comunidad y mejorar sus vidas. Nuestra cultura y tradiciones no permitirán a una mujer olvidarse de los demás. Pero de los americanos, he aprendido a ser autónoma y a pensar de una manera independiente. Trato de encontrar un equilibrio entre estas dos formas de vida diferentes. No quiero ser demasiado egoista ni tampoco intentar ayudar a todo el mundo, y al final, abandonarme yo.
Tras finalizar sus estudios, regresó a África. Muchos otros estudiantes acabaron quedándose en los EE.UU. ¿Nunca ha pensado en eso?
Sí, claro que quería quedarme en EE.UU., sobre todo porque en África, si no conoces a la gente adecuada, aún teniendo las mejores calificaciones posibles, no consegues trabajo. La tasa de desempleo es simplemente demasiado alta. Con las calificaciones adecuadas, en EE.UU. puedes ganar mucho dinero y mandarlo a casa a tus hermanos y hermanas.
Por eso, realmente no culpo a nadie por quedarse. Afortunadamente para mí, recibí una oferta de empleo para dar clases en el Colegio Internacional SOS Hermann Gmeiner en Ghana. Aceptar o rechazar la oferta fue quizás la decisión más difícil de mi vida. Pero resultó ser la mejor que jamás haya tomado. Mi aportación a la América corporativa habría sido como una gota de agua en el Océano Atlántico, pero en África ésta es como una gota de agua en una taza de té.
¿Cuál es la situación educativa de las mujeres en Etiopía?
He tenido mucha suerte, y estoy muy contenta de haber crecido en Etiopía porque gracias al apoyo de Aldeas Infantiles SOS y las posibilidades educativas que me brindaron, nunca me he sentido en desventaja por ser chica. La situación en Etiopía en general, es, sin embargo, bastante diferente. Más del 70% de la población vive en áreas muy remotas.
Muchas chicas no terminan sus educación básica porque se casan muy jóvenes, se quedan embarazadas o tienen que hacerse cargo del hogar. Las familias numerosas no pueden costearse la educación de todos sus hijos, por eso siempre darán prioridad a los chicos. Muy pocas mujeres tienen la oportunidad de recibir una educación formal y, después de primaria, a muchas las sacan de la escuela.
La emancipación es un tema candente que se discute mucho en Europa y en EE.UU.. ¿Qué significa para usted?
Se trata de tener los mismos derechos humanos, lo que me parece muy importante. Pero, ¿dónde está el valor práctico? Creo que en nuestra tradición africana se da demasiada importancia a todas estas cosas que nos llegan de Europa. En mi opinión, aquí en África no consideramos la emancipación un tema tan candente, porque pensamos que primero tenemos que abordar cuestiones más prácticas. Para mí, la educación es mucho más importante. La educación activó el potencial para convertirme en lo que soy hoy. La educación es la esperanza para África, incluso para erradicar la pobreza. Educar a las mujeres tiene un papel primordial en ello. Aquí decimos: "Si educas a una mujer, educas a toda la comunidad" porque una mujer con educación siempre querrá que sus hijos tengan la misma educación que ella tuvo.
¿Qué espera del futuro?
Espero de todo corazón que los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU sean una realidad en África, y que haya edcuación primaria -y si es posible, también secundaria- gratuita para todos los niños y niñas.