Ávidos de educación: los estudiantes en Somalia 

A pesar de los constantes desórdenes políticos  y de la ola de violencia que azota la capital somalí de Mogadiscio, las instalaciones de Aldeas Infantiles SOS, que incluyen un hospital y una escuela, están en pleno funcionamiento. Musa Ibrahim Dugow, la directora de la Escuela Primaria y Secundaria SOS Hermann Gmeiner, nos presenta la situación de los estudiantes en un país donde imperan la guerra y la pobreza.

Foto: Archivos SOS

Se imparten las lecciones a pesar del posible peligro inminente - Foto: Archivos SOS

En octubre de 2008, tras un violento incidente acaecido en las instalaciones que se habían alquilado de forma provisional, nuestra escuela tuvo que ser clausurada temporalmente. El 7 de marzo de 2009 la escuela volvió a abrir sus puertas e inmediatamente empezamos a recibir solicitudes de admisión. También hay peticiones de clases por la tarde, una propuesta que yo apoyo. En la actualidad, 500 estudiantes asisten a la escuela y más de 500 están en lista de espera.

Hoy en día, las inmediaciones de la aldea es la zona más segura de Mogasdiscio, aunque todo el mundo tiene miedo a la guerra. Las personas reaccionan de dos maneras diferentes, están las que se han dado por vencidas porque ya no tienen a donde ir y aquellas que van de un lado para otro día y noche porque no saben qué va a pasar a continuación. Las personas están ansiosas y sin esperanza, y la inseguridad e incertidumbre les empuja a seguir yendo de un lado para otro, tanto si se pueden permitir abandonar el país como si no. Y también tenemos niños que, a pesar de la situación, vienen a la escuela todos los días porque tienen un gran deseo de aprender.

Uno de nuestros estudiantes fue asesinado un día antes de un examen. Sin embargo, al día siguiente todos sus compañeros de clase estaban haciendo el examen, el único asiento vacío era el de la víctima. Están ávidos de aprender y tienen la voluntad de hacerlo. Con la forma en que te escuchan en clase te resulta difícil imaginar que estos niños viven en una zona bélica. Los alumnos siempre asisten a clase, sin importar que haya enfrentamientos.  No quieren escapar, prefieren venir a la escuela y esperar a que les enseñes algo. Cuando llegan aquí, están listos para aprender.

Foto: Hilary Atkins

Musa Ibrahim Dugow discute la situación de la escuela con Sahara Mohamed, el director nacional adjunto de Somalia - Foto: Hilary Atkins

Todavía tenemos mucho que hacer en Mogadiscio, pero Aldeas Infantiles SOS supone un rayo de esperanza para los niños. Nuestra escuela es la única de habla inglesa de Mogadiscio con un programa curricular adecuado. El resto de las escuelas locales enseñan en árabe o en somalí. Además, nuestra escuela está muy bien equipada, con laboratorios de ciencias y de informática y una biblioteca; además de contar con los mejores profesores de Kenia. Los estudiantes tienen acceso a todas las instalaciones prácticamente gratis, 10 $ por trimestre o 2,5 $ al mes. Ninguna escuela de la ciudad ofrece tales prestaciones a un precio tan bajo.

Sin embargo, hay un problema que se suele ignorar y que a mí me preocupa. ¿Qué sucede con los estudiantes que aprueban los exámenes nacionales? ¿A dónde se dirigen? A nosotros, los educadores, nos gustaría saber qué futuro les espera a nuestros graduados, ya que, como maestros, ésta es nuestra contribución al mundo.

Los 35 mejores alumnos de la escuela primaria pasan a la secundaria, los demás deben asistir a otras escuelas con un nivel más bajo que el nuestro. En cuanto a los que terminan la escuela secundaria, ellos pueden solicitar una plaza en instituciones locales pero no en universidades de fuera del país. No obstante, he llegado a acuerdos con algunas universidades de Uganda que han aceptado admitirlos, y recientemente también he entablado relaciones con un centro de formación de maestros en Puntland que nos ha concedido dos becas completas con la condición de que los estudiantes vuelvan como maestros a la escuela. Nuestra oficina nacional en Somalia ya ha otorgado una beca completa y tres parciales a nuestros graduados de secundaria para que se formen como maestros y formen parte de nuestro personal en el futuro. Es preciso instaurar un programa de becas, ya que nuestro currículo está basado en el de Kenia y las lecciones se imparten en inglés lo que difiere totalmente del resto de las escuelas de la zona.

Recuerdo que hace cuatro años afirmé que si hacíamos un uso adecuado de las instalaciones, llegaría el día en que la mayoría de los líderes de Somalia serían estudiantes de nuestra escuela. Hemos hecho progresos pero todavía tropezamos con dificultades que no son fáciles de superar. Y, sin embargo, nuestro trabajo diario es mantener la esperanza de estos niños, la única que les queda.

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