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| El alojamiento de una familia en Sofía está condiciones deplorables - Foto: K. Ilievska |
La casa de Marina, ubicada en las colinas cercanas a la localidad de Gabrovo, no recibe muchas visitas. Las pocas personas que transitan por la estrecha senda que lleva hasta ella son pastores o cazadores, por lo que Marina pensó que las dos chicas que subían por ella habían elegido un calzado poco adecuado para la caminata.
La casa de Marina -de dos pisos- sería cómoda si la pobreza, el tiempo y las disputas familiares no hubieran hecho mella de ella tan despiadadamente. "Los hermanos de mi esposo son dueños de la mitad de la casa", explica Marina tímidamente,"y no la podemos usar". Esa mitad no está terminada y al resto muy difícilmente se le puede llamar hogar.
La vivienda de Marina consta de dos habitaciones y un retrete exterior. Sus hijas duermen, comen, resuelven los problemas de matemáticas y dibujan en la única habitación con calefacción de la casa. Las paredes tiznadas y quemadas y los muebles mohosos causan un hedor insoportable a pesar de que por la ventana rota entra aire constantemente. Los problemas que tienen, sin embargo, son muy diversos.
Un comienzo modesto
Entre los años 2004 y 2006 Aldeas Infantiles SOS de Bulgaria puso en marcha programas de prevención del abandono infantil a pequeña escala en cuatro localidades: Dren, Tryavna [donde también hay una Aldea Infantil SOS; nota del editor], Sofía y Gabrovo. Estos programas respondieron a las necesidades inmediatas de la población que abarcaban desde permitir que los niños continuen asistiendo a la escuela hasta trabajar con niños discapacitados y sus padres.
Las lecciones aprendidas y los contactos hechos durante estos tres años abrieron el camino hacia el establecimiento de los programas de fortalecimiento de familias que ofrecen a las familias un amplio abanico de servicios y que incluye a socios de otras ONG y las autoridades locales. Marina experimentó en carne propia lo que esto significa exactamente.
Cuando los problemas llegan...
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| Las familias numerosas suelen vivir al límite de la extrema pobreza - Photo: K. Ilievska |
El primer matrimonio de Marina fue una pesadilla y mermó mucho su confianza en el sistema o en que alguien le echara una mano. Contenta de salir de esa pesadilla, inició una vida pobre pero feliz con su nuevo marido y sus dos hijas mellizas recién nacidas. Pocos años después del matrimonio, sin embargo, su esposo
-el único que ganaba el sustento familiar- fue arrestado. Marina no dejó de creer en su inocencia en ningún momento, ni siquiera después de la sentencia.
Sola, sin trabajo y con una pila de facturas por pagar, el Departamento de Protección Infantil local registró el caso de Marina como el de una familia en riesgo de abandonar a sus hijos y le informó sobre los programas de apoyo disponibles. Poco tiempo después las dos chicas mencionadas al comienzo de nuestra historia subían la empinada cuesta con un calzado poco apropiado para el terreno.
Mariana y Zvezdelina, las dos empleadas SOS del programa de fortalecimiento de familias en Gabrovo, son trabajadoras sociales con experiencia. Su labor comienza cuando se identifica a niños que -como los hijos de Marina- corren el riesgo de ser abandonados por su familia.
Alguien le tiende una mano
"En realidad, las familias deberían escoger entre los diferentes programas de ayuda disponibles, pero rara vez lo hacen," explica Mariana añadiendo que muchas no buscan ayuda por vergüenza o por falta de tiempo ya que primero tienen que satisfacer sus necesidades básicas.
La familia de Marina fue una de las 40 que las trabajadoras sociales del programa visitaron ofreciéndoles ayuda para que recibieran atención médica, beneficios educativos para los niños, apoyo material y asesoramiento. También se ayudó a Marina a encontrar un trabajo como conserje en una escuela primaria local.
"Los padres suelen encontrarse perdidos en este complicado sistema social", explica Zvezdelina. Muchos no son conscientes de los beneficios a los que tienen derecho y gracias a los cuales podrían vivir mejor que tan solo con los escasos ingresos con los que cuentan. Por ello, con frecuencia, los trabajadores sociales tienen que acompañar a los padres de familias a las diferentes instituciones para que reclamen sus derechos.
Al otro lado del país
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| Casa a medio construir de una familia en Tryavna - Photo: K. Ilievska |
En una pequeña comunidad en las afueras de Sofía, la capital del país, otra familia compuesta por seis miembros, lucha al mismo tiempo por sobrevivir ante la mirada indiferente del servicio social.
Svetla vive en una casa de dos pisos que no se ha sido terminada de construir y que solo cuenta con una habitación en la que se puede vivir. Tanto ella como su esposo no tienen trabajo. Su hija mayor no estaba inscrita en la escuela secundaria, sus otros dos hijos no asistían al jardín de infancia y el más pequeño, un bebé, dormía en un sofá destartalado ya que las cunas le resultaban demasiado caras.
"Además de las grandes dificultades que la familia de Svetla afrontaba, una noche -hace ya un año- la cocina se incendió", explica Bobi, el trabajador social del programa en Sofía. Svetla sospecha que el incendio fue provocado pero no lo puede probar. Sus intentos de apagarlo casi le costaron la vida y la ha dejado llena de cicatrices.
El fuego afectó mucho a la familia, ya pobre de por sí, y no hubo nadie que los ayudara a pesar de que los servicios sociales se encuentran tan solo en la acera de enfrente.
Involucrando a la comunidad
Cuando los empleados del programa de fortalecimiento de familias se enteraron del caso de Svetla, le ofrecieron inmediatamente incluirla en él. La familia tenía problemas muy diversos que iban desde la pobreza hasta la violencia doméstica, de hecho, la única medida disciplinaria que Svetla aplicaba a sus hijos era darles una bofetada.
"Nos tomó tan solo unos minutos darnos cuenta de sus necesidades " indica Bobi. Y es precisamente aquí donde los socios de los programas desempeñan un papel importante. Tanto instituciones estatales como diversas ONG participan ofreciendo asesoramiento psicológico y cursos de educación infantil para los padres.
Las instalaciones educativas contribuyen poniendo a disposición de las familias educación y tutores gratuitos. También cuentan con la participación de varios especialistas como logopedas y médicos generales, entre otros. A veces se tiene que recurrir a métodos poco ortodoxos para determinar los problemas y necesidades actuales de las familias. "No todas las familias se abren del todo" añade Bobi. "Con frecuencia tenemos que hablar con los parientes o los vecinos para descubrir cosas que los padres omiten. Esto siempre se hace con la mayor discreción posible y con el objetivo de organizar el método de apoyo que más se adecue a sus necesidades."
Documentación del proceso
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| Photo: K. Ilievska |
El apoyo otorgado por el programa a cada familia se regula mediante un contrato que especifica los roles y responsabilidades de cada una de las partes. Se recopilan planes de desarrollo familiar y juntos se establecen las metas. Está previsto que cada familia reciba apoyo durante un tiempo promedio de tres años.
Los trabajadores sociales revisan regularmente los objetivos logrados por medio de visitas y charlas con los socios, y en caso necesario, intervienen con ayuda adicional y también se hacen evaluaciones continuas para determinar el progreso y establecer nuevas metas. Las familias, por su parte, también tienen la posibilidad de dar su opinión.
Cada una de las familias evalúa su propio progreso, pero también da un feedback sobre la ayuda recibida. Esto permite que los servicios mejoren constantemente y que la meta principal se cumpla más rápidamente: que haya familias independientes fuertes en las que se satisfagan las necesidades de los niños y en las que éstos crezcan rodeados de amor y seguros.
Entre bambalinas
Uno de los elementos más importantes que no se encuentra en ningunos de los informes y evaluaciones hechos, es el de aquellos pequeños momentos de acercamiento humano y generosidad desinteresada que despiertan la esperanza y el entusiasmo de los padres, y que los llevan a volver a creer en un futuro mejor.
Estos son momentos como en el que Zvezdelina y Mariana visitan a la familia de Marina junto con el pedagogo de la Aldea Infantil SOS Tryavna, que es un apasionado alpinista, y quien de inmediato organizó a sus compañeros para ayudar a Marina a juntar leña. Otro día, después de conseguir la pintura, sorprendió a Marina con una pequeña "campaña de pintura" con la que transformó su modesto hogar en una vivienda decente.
A trescientos kilómetros de distancia sonríe un bebé. Bobi, el trabajador social, canta una canción de cuna para el bebé que yace medio adormecido en su cochecito. Svetla nos cuenta que Bobi se lo regaló. "Cuando se lo compré a mi hijo, no estaba seguro de si elegir el más resistente y caro o uno que solo durase los dos primeros años" cuenta Bobi sonriendo. "Imagino que de alguna manera sabía que no solo mi hijo dormiría en él".
Marina no encuentra palabras para explicar lo que el programa significa para ella. Con los ojos humedecidos por las lágrimas señala que solo puede dar las gracias para retribuir toda la ayuda recibida. "Todo lo que tienes que hacer es seguir intentándolo con todas tus fuerzas y no rendirte", le responde Mariana con voz firme pero alegre. "Tu bienestar y el de tus hijos nos basta como agradecimiento".
Por cuestiones de privacidad se han cambiado los nombres de los beneficiarios.
Articulo escrito por Katerina Ilievska