Maizelands, en Zimbabue, precisa atención infantil 

Justine Lungu, consejera regional de Aldeas Infantiles SOS para el desarrollo de la comunidad, nos explica que se necesita un nuevo programa comunitario de atención infantil para las comunidades cercanas a la Escuela primaria SOS Hermann Gmeiner, situada en el terreno de la Granja Maizelands, en Zimbabwe (marzo de 2008).
En marzo de 2007, el Centro Social SOS de Bindura realizó "un estudio para evaluar la vulnerabilidad de la comunidad", en el que se prestaba especial atención a la comunidad circundante a la escuela de la Granja Maizelands.


El estudio plasma las condiciones de vida en esta comunidad; un punto que podría ser decisivo para decidir hasta que punto es necesario que Aldeas Infantiles SOS de Zimbabue establezca un programa comunitario de atención infantil.

De acuerdo a los resultados, la comunidad de la Granja Maizelands se compone en su mayoría de población de origen extranjero cuyos padres fueron a esa zona del país buscando empleo en las granjas durante los períodos del comienzo de la formación y constitución de la Federación de Rhodesia y Nyasalandia. Con el paso del tiempo, las siguientes generaciones fueron perdiendo los vínculos con los familiares de sus países de origen.

Foto: Janie Dufty
Foto: J. Dufty

El programa de la reforma agraria en Zimbabue supuso cambios en la titularidad de la misma y los granjeros blancos dejaron el país, motivo por el cual, la distribución de la tierra en este distrito se dividió en tres grupos: trabajadores de granjas comerciales, antiguos trabajadores de granjas comerciales y granjeros colonos.

El grupo de los trabajadores de granjas comerciales está compuesto por los que han mantenido sus empleos o han sido contratados últimamente por los nuevos propietarios de las granjas después de la reforma agraria. Les pagan muy poco y carecen de seguridad laboral, ya que realizan trabajos temporales o con retribuciones demasiado bajas para poder vivir.

Los antiguos trabajadores de granjas comerciales son aquellos que han perdido sus empleos en las granjas después de que sus empleadores fueran echados de las mismas y abandonaran la comunidad granjera. No son propietarios de terrenos (es decir, ocupan tierras que no les pertenecen). Como el desarrollo agrícola de esta área es menor no creen que sea posible volver a tener un empleo remunerado.

El grupo de los granjeros colonos lo forman indígenas de Zimbabue que lograron obtener tierras pero que son incapaces de hacerse cargo de las mismas por diversos motivos. Para ellos, las herramientas, equipamiento, el saber hacer y las aportaciones siguen siendo un reto, y por ello no son capaces de impulsar la producción para mejorar sus fuentes de ingreso para sus condiciones de vida. A esto se unen la precariedad de su situación laboral, la falta de subvenciones gubernamentales y un mercado inestable, con lo que se continúa frenando el desarrollo de sus granjas.

En estos tres grupos hay un gran número de personas que viven con el virus del VIH/SIDA, y muchos ya han perdido a sus seres queridos. El acceso limitado a la asistencia sanitaria provoca la rápida propagación del virus y el aumento del número de huérfanos.


Foto: Carol Smith
Foto: C. Smith

Existe un significativo número de hogares cuyos cabeza de familia son un niño o un abuelo. Los abuelos trabajaban en las granjas pero los dueños se marcharon o se jubilaron. Sus ingresos son demasiado bajos para atender a la descendencia de sus hijos fallecidos. Su origen extranjero y la falta de familiares que les ayuden les han forzado a depender de los niños para obtener ingresos, rayando la denominación de trabajo infantil.

Cada vez hay más niños sin padres ni abuelos que se ven obligados a hacerse cargo de los hogares. Sus padres murieron sin dejarles ninguna herencia con la que poder mantenerse. No solo han perdido a sus padres, sino también su identidad nacional, por el cambio en las leyes de ciudadanía y por la falta de documentación oficial, como partidas de nacimiento o los certificados de defunción de sus padres. Algunos de estos niños acaban en matrimonios entre menores como un camino para mejorar sus ingresos. El grupo de granjeros colonos indígenas está formado por padres jóvenes y de mediana edad que han acogido a los hijos huérfanos de sus familiares. Sus ingresos son tan bajos que no pueden costearse la alimentación, vestido y educación de los niños.

Foto: Paul Metcalfe
Foto: P. Metcalfe

Las infraestructuras básicas, como agua potable y servicios sanitarios, se encuentran en mal estado o no existen. La ausencia de redes sociales y estatales seguras hace que los niños del área de Maizelands sean vulnerables. Los adultos no están en situación de ofrecer a los niños una atención adecuada que garantice su asistencia a la escuela y el pago de las tasas escolares y los uniformes.

El estudio resaltó que los niños faltaron a la escuela más de dos semanas durante la estación de lluvia por las inundaciones, ya que el puente para peatones es viejo y desde hace tiempo ya no es seguro para los niños.

Las conclusiones del estudio se hicieron eco de las observaciones del Plan de Acción Nacional Zimbabuense para Huérfanos y Niños Vulnerables que afirma que "la situación socio-económica general en el país había empeorado, especialmente para los niños de estas comunidades (trabajadores de granjas y nuevos colonos). Los niños vulnerables sufren numerosas dificultades socioeconómicas, entre las que se incluyen: trastorno psicológico, aflicción, estigmas, discriminación, aislamiento, privaciones económicas, pérdida de oportunidades educativas, agobio por responsabilidades domésticas y miedo a su propio futuro".

La situación de pobreza infantil en las comunidades granjeras ha llevado al establecimiento de una ONG, denominada "Farm Community Trust" y "Farm Orphan Support Trust" que se ocupa especialmente de sus problemas. Desgraciadamente, la magnitud de la pobreza infantil y la limitación de los recursos han impedido que esta ONG pueda ampliar adecuadamente sus actividades, ni geográficamente ni de acuerdo al número de beneficiarios de sus programas. El estudio concluye recomendando a Aldeas Infantiles SOS Zimbabue que lance en esta región un programa comunitario de atención infantil.
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