Refugiados en su propio país
"Guardianes del orden"
Lucha contra la pobreza
Necesidad de paz

Sobre el mar de tejados de Cazucá - Foto: F. Espinoza
|
Incidentes de este tipo forman parte de la vida cotidiana de unas personas que ya están al margen de la sociedad. Numerosas ONG, entre ellas Aldeas Infantiles SOS Colombia, agrupaciones a favor de los derechos del niño y diferentes promotores de proyectos sociales, firmaron una petición dirigida a UNICEF, al Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, al Gobierno y a las fuerzas militares, exigiendo el esclarecimiento de los asesinatos de agosto y la protección y el apoyo a los niños, a los jóvenes y a sus familias en las comunidades afectadas.
Llamar a estas injusticias por su nombre es peligroso en Colombia, en el peor de los casos se corre peligro de muerte. Desde hace cuarenta años hay una guerra civil que prácticamente imposibilita a las personas estar en el lado bueno sin estar al mismo tiempo en el malo. Por ejemplo, la ayuda social puede ser interpretada como una agitación política inaceptable. La sociedad está contaminada por los autores de estas luchas por las drogas, las armas o el poder, en cuyo remolino se ve arrastrada inevitablemente la población civil. No importa de quién se trate, sea la guerrilla de corriente izquierdista, los temidos escuadrones paramilitares o el ejército regular; todos los bandos de la guerra civil actúan en sus respectivos campos de influencia sin ningún tipo de consideración y con mano autoritaria.
Refugiados en su propio país
No obstante, no siempre impera la violencia. Si un territorio solamente está ocupado por uno de los bandos, la situación es relativamente tranquila, y, por el contrario, estalla la guerra si son dos o tres adversarios los que reivindican sus derechos sobre la misma zona. La población languidece entre estas luchas permanentes por el repartimiento. En el campo la vida es especialmente arriesgada. Intimidación metódica, denuncias, secuestros y asesinatos provocan que las personas tengan que huir de su propiedad, dejando a sus amigos y su trabajo y se vean obligadas a trasladarse a zonas urbanas de aglomeración, donde ya vive el 75% de la población colombiana. Más de dos millones de personas son refugiados en su propio país.
Cazucá es uno de aquellos barrios donde van a parar los desarraigados, desplazados interiores que ya suman alrededor del 45% de la población total. El municipio se va extendiendo empujado por la incesante afluencia de víctimas de la guerra civil; un mar de calles laberínticas entre sencillas casas de ladrillos y cabañas construidas con tablones o con chapas de latón ya ha alcanzado las colinas de las afueras del sur de Bogotá. Nada más lejos de la realidad que una adecuada instalación de agua y una canalización; las instituciones sanitarias y educativas son insuficientes. En la comunidad de Soacha, a la que pertenece Cazucá, solamente hay un hospital, y un tercio de los niños no tiene la posibilidad de asistir a la escuela.

Foto: F. Espinoza
|
En Cazucá florecen la drogodependencia, las enfermedades, el desempleo, la violencia y la resignación... en vergonzoso contraste con los rascacielos de Bogotá, donde reinan los grandes negocios y el estilo de vida occidental. Para los recién llegados es todavía peor. "Las personas que aquí no tienen familia ni amigos lo único que pueden hacer es sentarse y esperar que alguien les ayude", declara Ana, una colaboradora del Centro Social SOS. "Cuando llegan, por término medio suele pasar medio año hasta que encuentran un trabajo. En estos tiempos difíciles, los niños y los jóvenes son los que están expuestos a un riesgo mayor, no es raro que terminen con problemas de alcohol o drogas e incurran en un delito."
Cuando las personas abandonan sus pueblos por pura cuestión de supervivencia, comienza para ellos la lucha por salir adelante en las ciudades, donde desconocen las leyes, escritas o no escritas; la cultura y a los "Señores" que aquí dictan la ley. En este mundo nuevo las familias se ven sometidas a una extrema prueba de nervios, que a menudo se refleja en un derrumbamiento interior; los mayores siguen añorando su patria y mantienen la esperanza de poder regresar un día y los jóvenes, por su parte, a pesar de todas las dificultades, prefieren la ciudad al campo, donde son más graves los azotes de la guerra civil y donde evadirse de la estrechez es casi imposible.
"Guardianes del orden"
El fracaso parece estar preprogramado. Luego aparecen en escena los "Guardianes del Orden", conocidos como "limpia", y llevan a cabo acciones como el asesinato de jóvenes, sea por consumir drogas o alcohol en la esquina de una casa, simplemente por estar charlando a una hora tardía o por encontrarse en el sitio equivocado en el momento equivocado. Los recién llegados son automáticamente sospechosos. También suele ocurrir que los padres o las madres que descuidan a sus hijos y sus hogares sean "sancionados" tres veces; la cuarta vez, en lugar de recibir una advertencia, son asesinados sin piedad.
En Cazucá se cree que detrás de estos falsos moralistas armados se encuentran los paramilitares, que luchan entre ellos por la hegemonía. La "limpieza social" es un arma en la lucha por la subordinación de la población. Por otro lado, en otros sectores, del campo o de la ciudad, se encuentra la guerrilla izquierdista, que estipula un orden severo, su orden personal. Así, las estadísticas oficiales hablan de un sensacional descenso de la criminalidad, pero una estadística del crimen llevada a cabo por "órganos extraoficiales" revelaría datos completamente diferentes.

Foto: F. Espinoza
|
Lucha contra la pobreza
Desde hace tres años, el director del Centro Social SOS, Gustavo Bejarano, y su equipo intentan dedicarse a su trabajo de forma imperturbable a pesar de este clima de intimidación y arbitrariedad; un trabajo que se traduce en proporcionar un futuro, un sentido y respeto. En su lucha contra la pobreza, el rebosante centro se centra en la ayuda a largo plazo para así evitar el desmoronamiento de las familias. La sanidad, la formación, la promoción de la familia y el asesoramiento constituyen sus puntos principales. Además de cuidar a diario a unos 100 niños dándoles una comida caliente, se lanzan campañas sanitarias y de vacunación. La falta de formación se cubre, al menos para una parte de los niños, con educación preescolar para niños de entre tres y seis años y por medio de clases de apoyo para niños de la escuela primaria.
"Hemos comprobado que los niños son menos agresivos y que cada vez reaccionan mejor al trabajo en equipo. Al principio sólo venían por la comida, ahora juegan, hacen bricolaje con nosotros o se dedican a la música", explica Karin Zúñiga, responsable del seguimiento psicológico de los niños. Las ofertas de tiempo libre incluyen bailes, juegos malabares y pintura. También hay una zona recreativa y se han creado talleres destinados a estabilizar los sistemas familiares, fomentando la seguridad en uno mismo, la concienciación y la comunicación. La participación activa de los padres en el centro social mejora día a día. Ayudan con la limpieza y con reparaciones y se ven confrontados a sus propios sentimientos y a su situación personal; de esta forma se implican personalmente en el centro y se sienten responsables de él.
Necesidad de paz
Para aquellas familias oprimidas por la pobreza, prácticamente predestinadas al abuso, la violencia y la presión, el analizarse a sí mismas y al de enfrente constituye un nuevo terreno. Esto implica ser conscientes de sus propios derechos, deseos y ansiedades, así como hablar de ello. "Quiero que dejen de golpearme y que me permitan ver la televisión", manifestó una niña de nueve años en un seminario sobre los derechos del niño.
Por medio de dibujos, murales y vídeos, 60 niños pudieron exteriorizar sus experiencias, que a menudo están marcadas por el abuso sexual, físico y psíquico. Los niños conocieron los derechos y el respeto que se merecen. Finalmente, se sentaron con sus madres, que también habían asistido a un seminario, y conversaron sobre sus sentimientos y sueños. Las respuestas de los niños a la pregunta de cómo cambiarían el mundo están cargadas de compasión y buena disposición hacia otros niños y personas necesitadas. Los niños anhelan el amor, una bicicleta o un auténtico balón de fútbol y trasmiten una profunda necesidad de paz. "Yo daría un hogar a aquellos que no lo tienen", declaró Nelson. Una petición de los niños a todos los colombianos poderosos y al mundo.