Me casé con Ramesh Lall, de un pueblo cercano a Akhnoor, en 1996, cuando tenía 17 años. Me pasaba el día metida en casa ocupándome de las tareas domésticas. Un año después de casarme di a luz a una niña. Mi marido trabajaba para un empresa privada, y ya había finalizado la enseñanza secundaria.
Mi marido tenía que mantener a sus cuatro hermanos menores y a sus dos hermanas, además de a sus padres, mujer e hija. Mi suegro era un pequeño agricultor y dependía casi por completo de las lluvias para obtener una buena cosecha. Con el salario de mi marido, de menos de 100 dólares al mes, apenas llegábamos a fin de mes. También tenía la responsabilidad de casar a sus dos hermanas y de contribuir en el mantenimiento de la familia.

Foto: Archivo SOS
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A pesar de las dificultades, ahorré tiempo en las tareas domésticas y empecé a aprender corte y confección. Podía llevarme a las clases a mi hija de un año. Esta formación me ayudó muchísimo, y empecé a coser ropa no solo para mi hija, sino para las mujeres de los alrededores, con lo que se incrementaron los ingresos familiares. Esta formación me dio la dignidad de trabajar y de tener la posibilidad de obtener beneficios durante toda mi vida.
Cuando mi hija tenía 4 años, tuve un hijo, y cuando éste cumplió un año y dos meses, una noche, mi marido no volvió a casa. Me dijeron que había muerto en un accidente. Era de noche y no se pudo encontrar ni el cuerpo ni el vehículo en el que viajaba.
El mundo se me vino encima. En apenas un instante me quedé desamparada y estaba desesperada: tenía que alimentar a dos niños, educarlos y criarlos sin mi marido. No esperaba que mi familia política me ayudara en algo, y me trasladé a la casa de mis padre con mis dos hijos.
Entonces hice una formación de esteticista y abrí un pequeño salón de belleza, que asimismo se convirtió en mi taller de costura. Trabajé día y noche para ganar lo suficiente para asegurarles el presente y el futuro a mis hijos.
Mis padres y la Aldea Infantil SOS Jammu me apoyaron en los sueños que tenía para mí y para mis hijos. Mi hija siempre es la primera de la clase, y yo la educaré y enseñaré a ser independiente y autosuficiente. Después de asistir un año al Centro de los Servicios Sociales de Corte y Confección, he obtenido un diploma. Quiero aprobar el examen de ingreso para trabajar en un centro de corte y confección gubernamental.
Estoy convencida de que cuando una persona está desesperada, Dios le envía algún tipo de ayuda. En mi caso, fue Aldeas Infantiles SOS. Rezo de corazón para que la Aldea Infantil SOS Jammu continúe apoyando y fomentando a cientos de mujeres como yo. Ahora soy una mujer fuerte, independente y segura de mí misma, y agradezco a Aldeas Infantiles SOS por compartir mis penas y aliviarlas.