La bibliografía especializada concede al juego un papel importante en el desarrollo de la persona. En la llamada "vida adulta" a menudo el juego se ve relegado por actividades "más importantes" o el trabajo "serio".
Desde la óptica del adulto, el juego está reservado al mundo de los niños o al tiempo libre. Pero no cabe duda de que nuestro mundo sería mucho más rico, si fuésemos capaces de integrar en nuestras vidas todo lo arriba mencionado: comunicación y expresión, la satisfacción y la alegría de aprender, en resumidas cuentas: la alegría de vivir.
Pablo Neruda, el poeta chileno y Premio Nóbel, escribió una vez: "El niño que no juega, no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre el niño que vivía en él y que le faltará mucho". En este sentido, quisiéramos que el presente número sea una apología del juego: para dirigir la mirada hacia nuestro interior, para aprender con placer, para cargar energía, para sentirnos bien. Los artículos de este número se ocupan de éstos y otros aspectos del orbe del juego.